CAPÍTULO 6
UN DÍA PERFECTO EN SECRETO
Hoy, por fin, la gran casa de San Sequoia se encontraba en un silencio absoluto. Doña Bianca, Piero y Estefan habían salido todos, dejando el hogar desocupado. Mariella sonrió al notar el tranquilo ambiente: era la oportunidad perfecta que había estado esperando para invitar a Brant sin temor a ser descubierta.Aprovechando ese momento único, Mariella le abrió la puerta. No querían nada extravagante, solo estar juntos. Se dirigieron al salón y se instalaron en el gran sofá de arco, disfrutando del lujo de no tener que susurrar ni esconderse dentro de esas cuatro paredes.Mariella se recostó, sintiéndose como en un nido, y Brant se acercó a ella.—Es increíble lo tranquilo que está todo aquí cuando no hay nadie más —murmuró ella.Brant la miró con una ternura que le erizó la piel. Él no era como los chicos de su edad. Su calma, su experiencia, todo en él le invitaba a relajarse.
Se acercaron el uno al otro sin decir nada, como si el aire entre ambos estuviera cargado de electricidad. Brant le acarició la mejilla, dejando una estela de fuego en su piel.—Mariella... —susurró él.Las palabras sobraron. Mariella cerró la distancia y lo besó. No fue un beso tímido, sino uno hambriento, lleno de la urgencia de estar juntos en aquel refugio.
El beso se hizo más profundo. Brant la rodeó con su brazo, atrayéndola contra su pecho. Mariella se perdió en el tacto de sus labios, en el sabor de su boca. En ese sofá, el mundo exterior desapareció.
Se acercaron más el uno al otro, buscando el calor del cuerpo. No querían separarse, dejando que el momento se alargara todo lo que fuera posible, disfrutando de la intimidad que solo a veces podían permitirse.
La emoción del momento y el relajo de la tarde jugaron en su contra. El abrazo era tan cálido y el ambiente tan tranquilo que, sin pretenderlo, el cansancio les ganó. Siguiendo abrazados, derribados por la paz del momento, se quedaron dormidos en el sofá, una siesta compartida que pareció durar minutos y horas a la vez.
Al despertar, la luz de la tarde ya había cambiado. Mariella abrió los ojos y vio que Brant la miraba con una sonrisa tierna.—¿Qué te parece si vamos a comer algo fuera? —propuso él, acariciando su cabello despeinado.Mariella asintió entusiasmada. Tenían hambre y ganas de seguir disfrutando del día libre.Se dirigieron a una hamburguesería con terraza al aire libre. El ambiente era ruidoso y alegre, exactamente lo contrario a la tensión que siempre reinaba en el comedor de la mansión. Se sentaron uno al lado del otro y pidieron sus comidas favoritas.Mariella se sentía libre. No tenía que preocuparse por los modales estrictos de su padre Don Leonardo, ni de qué diría Doña Bianca. Rio hasta que le dolió el vientre con alguna historia de Brant, y le vio disfrutar de su comida con ese apetito tranquilo que tenía él. Era una fecha normal, y eso era lo más extraordinario para ella.
A pesar de que la comida estaba deliciosa, ambos terminaron con antelación. Miraron el reloj, se dieron cuenta de que aún tenían tiempo y decidieron darse un paseo por el parque de San Sequoia.Caminaron cogidos de la mano, sintiendo el aire fresco de la tarde. Mariella miró hacia el área de juegos y vio los columpios brillando bajo el sol. Una nostalgia infantil se apoderó de ella.—¿Podrías... ¿podrías empujarme un poco en el columpio? —le pidió con ojos brillantes.Brant sonrió, sorprendido por lo tierno de la petición. —Por supuesto —respondió encantado.
Se sentó mientras él se colocaba detrás.—¿Lista? —preguntó él, sujetando el asiento. —¡Sí, dale! —dijo Mariella alzando las piernas.Brant la empujó suavemente, disfrutando verla tan despreocupada.
Se pasaron un buen rato riendo mientras ella se balanceaba. Brant la empujaba suavemente, disfrutando verla tan despreocupada. Cuando se cansaron, se alejaron de la zona concurrida y encontraron un rincón apartado del parque, donde la hierba estaba más alta y los árboles daban sombra.Allí, sentados en la hierba y alejados de las miradas curiosas, el mundo se detuvo de nuevo.Mariella se acercó a él y le dio un beso dulce, recordando el del sofá pero bajo el cielo abierto. El silencio del parque les permitió ser ellos mismos un poco más.El beso se hizo más intenso. La naturaleza a su alrededor parecía velar por ellos.El sol empezaba a bajar y Mariella sabía que su familia volvería a casa pronto. Caminaron de regreso, pero el ritmo se volvió más lento y triste a medida que se acercaban a la puerta de su casa. Sabía que Brant no podía entrar. Nadie sabía que salía con él, un hombre mayor que su padre no aprobaría, y no estaba lista para las preguntas.Se detuvieron justo en el umbral de la puerta, bajo la luz de la farola.—Gracias por hoy, Brant —dijo Mariella, bajando la mirada.—Yo he disfrutado cada minuto —respondió él, acercando una mano a su mejilla.Se despidieron con un beso largo y silencioso, cargado de promesas de volver a verse en cuanto pudieran. Mariella le vio marcharse por la calle, respiró hondo y, tras comprobar que nadie la miraba, entró en casa dispuesta a fingir que había pasado un día normal.
¿Te ha gustado el día libre de Mariella? 🌸
Pero la calma no durará mucho... ¿Qué pasará con el secreto de Piero? ¿Se enterará Alessandra? ¿Podrán Mariella y Brant seguir a escondidas?
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